¿A su servicio?

 

A unos días del homicidio de Nicolás, de 19 años, nuestros medios de comunicación se ven empañados de opinólogos de lo sucedido: que lxs vecinxs del boliche pasan mal por la gente que va, que el boliche no cumple con las regularidades, que cómo era la víctima… Muy poco se habla sobre las manos de quién salieron esos disparos.
Recapitulemos; el domingo pasado un baile abre las puertas con las irregularidades de siempre, ya se ven los grupos de amigxs llegando al lugar y lxs vecinxs se sienten molestxs por ruidos y demás como siempre. En la puerta hay mucha gente, pero no puede entrar o no quiere, como siempre pasa. Todo como siempre pasa… Luego, en un momento de la madrugada del lunes se inician problemas en la puerta entre algunxs que querían ingresar al baile y la seguridad del lugar que no lxs dejaba. Esto termina en unos disparos que salen de un arma reglamentada por las fuerzas de la guardia republicana en donde uno de estos bang termina con la vida de un gurí.

Y aquí tenemos el hecho central. Obviamente existen causas y consecuencias del hecho que son importantes de entender, pero hoy me quiero detener en esto: la muerte de un botija proveniente de un barrio popular en manos de un gatillo fácil de la fuerza de «seguridad» que nos provee nuestro Estado.

De este suceso lamentable que me genera dolor y bronca debemos detectar ciertas cosas.

La problemática de que una parte de la fuerza de seguridad trabaje en otros espacios con la misma función que tienen cuando llevan puesto su uniforme. Lo triste que es que, en la práctica, su rol sea solo reprimir y que esto sea amparado como una práctica del gobierno. Las repercusiones de gran parte de la sociedad que señala al pibe asesinado y cuestiona cómo era y qué puede estar haciendo allí.

Y la fragmentación social que vivimos, donde nos separamos como personas bien o no, entre ninis y no, entre violentxs y no, entre muertes que valen y se marcha por ellas y muertes que no.
Tristemente, esta muerte ocurrida por el llamado gatillo fácil, no es la primera.

En marzo de este año otro chiquilín, también de 19 años, proveniente de Las Acacias muere por el disparo de un policía que portaba su arma reglamentaria en otro trabajo que ejercía; en diciembre del año pasado un joven de Peñarol sospechoso de robo muere de un tiro en la espalda de un policía que sí llevaba su uniforme.

Y estos son solo algunos casos que han quedado naturalizados y olvidados.

En la ciudad vecina de Buenos Aires este recurso de gatillo fácil ocurre hace mayor tiempo que aquí y ya va acumulando como único producto muertes de botijas.

Estas prácticas políticas que nos venden en un marco de “seguridad » provocan inseguridad, criminalización de la juventud, una reivindicación de poder a la fuerza policial y más y más división entre nosotrxs, la comunidad.

Estos botijas de seguro eran todxs diferentes, les gustaba hacer y vivir de diversas formas, todas sus muertes quedan impunes y poco a poco nos vamos olvidando lo que sucedió…

Digamos basta de represión, de impunidad del Estado y de gatillo fácil.

Muku Lana.
(Imagen de Latuff)