Los ruidos de un pasado impune

 

No hay oportunidad ya de ceder ante el frío. Caras medio tapadas con narices acobardadas y rojas, se reúnen alrededor de las fotos recostadas contra la pared.
Entre los militantes más cercanos a ese fogón de fotografías monocromáticas, se encienden conversaciones. Allá, detrás del camión, comentan «la marcha siempre crece año a año».
Algunos tratan de aplacar la ansiedad armando un tabaco, otros conversan sobre el día de ayer. Ya son casi las siete, Madres y Familiares de Detenidos Desparecidos, CRYSOL, y otros que dejan el saludo a medio camino, toman las fotografías.
El ruido no cesa. Hay gente por la calle Jackson con carteles que cuestionan «¿Dónde están?». Otros desplegaron junto a una pancarta el señalamiento de la impunidad de algunos Ex Presidentes. Pero Familiares lleva la delantera. Más de veinte fotógrafos, colgados de los contenedores y detrás de la seguridad, tratan de encontrar el mejor encuadre.
Los rostros detrás de la enorme pancarta establecen la consigna del silencio. Y es así, como año tras año, desde aquel 1996, la Marcha del Silencio se inaugura. Porque es 20 de mayo y son las siete de una fría tarde, otra vez.
Antes de que comience el silencio
Dos días antes de la Marcha. Es el cumpleaños de Matilde, cortan la torta y festejan. Entre tintineos de cubiertos, el grupo de Coordinadora de Apoyo a Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos discute su historia, hay abrazos y bromas, algunos se distraen y descansan entre las brasas del pucho en el balcón. Mariana, la más joven, recrimina las bromas y pone orden.
Se genera un debate ante una pregunta: — ¿sintieron cansancio alguna vez por tantos años de lucha?—. La palabra «cansancio» no los increpa. Los une. Cada recuerdo que es narrado por Ignacio Errandonea o por Norma Marin (referentes de Familiares desde el 83′), es detallado por otro. Los relatos vívidos, los hacen regresar al pasado, concuerdan en la mayoría de las opiniones, otras las discuten más a fondo, pero no hay lugar para las peleas porque todos se escuchan y se organizan para hablar. «Resistimos el cansancio porque somos un grupo humano, que a pesar de unas pocas diferencias, nos sostenemos»— señala Anita.
La dignidad es el valor más grande al que un ser humano puede aspirar, cuando pretenden arrebatársela, solo queda luchar.
«Estaba desapareciendo todo mi entorno, y mi marido me dijo: o pasamos a la clandestinidad o te vas… y yo sentí miedo… y me fui (…) En el exilio olvidé mi cumpleaños, me acordé a las dos de mañana y me puse a llorar…» — cuenta entre lágrimas Anita.
Vivieron en la clandestinidad, tuvieron que irse del país, los desaparecieron, los mataron, los encerraron y torturaron, los violaron, les quitaron sus derechos. Perdieron a sus hijos, a sus amigos, hermanos, padres, tíos, primos…
Resulta difícil enfrentarse a los relatos que aparecen en la sobremesa y desentenderse del dolor que se vivió durante los años de dictadura. Pero más difícil resulta mantenerse ajeno cuando las emociones brotan de los recuerdos. Este pasado reciente no quiere ser olvidado.
El voto verde
En el año 1983 un pequeño grupo de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, con unas pocas fotos, se reunieron en la Asociación Cristiana de Jóvenes y marcharon hacia la feria Tristán Narvaja.
—Los milicos nos corrieron y salió la gente, los vendedores de los puestos, y empezaron a tirarles naranjas y papas a los milicos, porque nos habían atrincherado.
Advierten que «en aquellos tiempos eran ingenuos»
En 1984 se realizan las elecciones generales que devuelven la democracia al país.
—Salimos de una dictadura con una euforia que no correspondía con la realidad
Con la primer consigna «Vivos se los llevaron, vivos los queremos» y buscando la libertad, se fueron enfrentando a una realidad que sería de muchos «años de oscuridad».
En 1987 se lanza una campaña para la recolección de firmas con el fin de realizar un referéndum y derogar la Ley de Caducidad. Luego de incansables maniobras políticas, militares y de los grandes medios de comunicación, que pretendían inculcar temor a la sociedad, con una «campaña del miedo» y la posibilidad de perder su democracia; el 16 de abril de 1989 se realizó el referéndum.
La papeleta verde asignada para la derogación de la ley alcanzó un 43% de los votos mientras que un 57% de papeletas amarillas mantuvieron en vigencia la hoy llamada «Ley de Impunidad».
Ese fue el primer «mazazo» que recibieron militantes, Madres y Familiares de Desaparecidos, el resultado del Voto Verde los tomó por sorpresa, de ahí en más, nada los sorprendió.
El inicio de la Marcha
En 1996 fue la primer Marcha por el aniversario número veinte del asesinato de Héctor Gutiérrez Ruiz, Zelmar Michelini, Rosario del Carmen Barredo y William Whitelaw. Fue allí donde Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos y víctimas del terrorismo de estado se encontraron y notaron que eran muchos y que «los unía una fuerza, la fuerza de la dignidad que les quedaba».
—La marcha es mérito de esa dignidad, de todos. No se marcha para defender a Madres y Familiares, se marcha por la dignidad — señala Errandonea
Un nuevo comienzo
Otras decepciones salen, entre broma y chistes, entre risas y discusiones. Sergio, quien se mostró en un principio más elocuente, indica mirando a sus compañeros de mesa y militancia que el segundo «cimbronazo» fue cuando ganó el Frente Amplio. «Pensábamos que si ganaba el Frente Amplio ganaba el plebiscito», indica. El resto de la mesa concuerda y repite: «ingenuos». Majo, se muestra intransigente. Sostiene que «fue un error plebiscitar nuestros derechos». Errandonea, concuerda y conviene en que debían apostar por «la movilización popular».
La ingenuidad se mantiene y siguen su lucha por Verdad y Justicia, y la fuerza y expectativas se renuevan con la llegada del Frente Amplio al Gobierno en el año 2004. Expectativas que nuevamente se vieron desgastadas por los pocos avances y la decepción, ya que siendo oposición, esta causa era primordial para la izquierda.
—Un sector amplio de la izquierda no tiene ningún interés en que se sepa la verdad, porque hay acuerdos que determinados sectores políticos mantienen con los militares — indica Marin.
Los años van dando la razón, porque poco se ha hecho, porque los han hecho callar, y siguen sin saber la verdad.
—¿Qué historia estamos contando? ¿Qué verdad? Hay una intencionalidad política de silencio — cuestionan
«La lucha no cansa», responden para unirse en su proclama.
Marin es la primera que habla después de un breve silencio. «Pienso que a nosotros nos cuesta llevar nuestra consigna a la cotidianidad. Tenemos que denunciar otros hechos, salir a denunciarlos, no solo sacar una declaración»
Mientras que el grupo enumera sus otros reclamos, lo que llaman hechos de actualidad, INAU, las torturas en SIRPA, gatillo fácil en la periferia… ratifican el valor de marchar «En las primeras marchas éramos los mismos de siempre. Ahora cada vez hay más jóvenes. No sé si vamos a encontrar a mi hermano, o a algún desaparecido más, el compromiso es seguir peleando y creo que estamos cultivando una rebeldía y un decir: se pueden seguir defendiendo nuestros derechos»— señala Errandonea
El silencio es la respuesta que aparece y la lucha por los Derechos Humanos va a estar endeble hasta que algún día «ya no sea necesario marchar».
Mariana, responde a Errandonea: «nosotros también vamos a buscar a tu hermano y a todos los desaparecidos. Cada vez le llegamos a más jóvenes.». Al mirar a sus compañeros pregunta: « ¿Hasta cuándo nos van a preguntar si vamos a seguir marchando? La respuesta es que seguiremos eternamente».
La Impunidad es de ayer y de hoy, porque hay responsables impunes, porque se siguen violando los Derechos Humanos, aún hoy siguen habiendo torturas y violaciones en instituciones del Estado. Aún la gente se pregunta « ¿por qué siguen luchando?», «¿no se cansan?», «ya pasaron muchos años», «ya nos los van a encontrar, están muertos, qué importa dónde », «seguimos revolviendo eso», «ya está».
No, para ellos no está, porque hay un compromiso con aquellos que soñaron un país mejor para todos, porque hay un compromiso con la sociedad, que sin verdad no puede avanzar, porque los logros económicos y los falsos avances no pueden tapar la historia. Porque les duele ver como sus compañeros de lucha mueren sin saber la verdad.
«El dolor que durante muchos años fue culpa » para algunos de ellos, se transforma en compromiso con sus compañeros que en la lucha desaparecieron, murieron, o perdieron quince años de sus vidas en la cárcel. Ese compromiso no lo van a abandonar porque «la lucha no cansa », porque los hijos y los nietos que sí están, se merecen un futuro mejor, un país con garantías, que respete su pasado, que reconozca sus errores, que no se divida por banderas o intereses políticos.
Verdad y Justicia es el legado que este grupo de personas pretende dejar a las nuevas generaciones, cada vez más jóvenes se unen a las Marcha del Silencio del 20 de mayo, «porque los Desaparecidos son de todos», «porque el valor de dignidad es del pueblo y nadie va a defender sus derechos si no hay una conciencia colectiva ».
Nadia Amesti y Eliana Fleitas Pucciarelli