¿Qué pasa si no callamos lo que sentimos?

 

La vida nos enseña como mujeres a aguantar y bancar lo que toca. Calladas.
Nos enseña que tenemos que ser lindas para otro, sumisas, encantadoras y desear no estar solteras luego de los 30. Nos enseña esto a todas.
A no ser ruidosas, ser recatadas, atentas y cuidadoras. A que el humor, o el arte, o el deporte, son cosas de varones. Ellos son líderes y nosotras mandonas. Gerentas de nuestro hogar, y de nada más.
“No me gusta que mi mujer trabaje”, “Si no hay mujeres en puestos de poder es porque son menos capaces”, “Ella se lo buscó, porque no lo dejó antes”, “Qué hacía sola a esa hora?”. No es ficción ni exageración. Es la mujer como propiedad. La maté porque era mía.
Enfrentarnos a esto, sacar de a poquito de nuestro cuerpo lo que nos han dictado nos hace sentir solas.
En ese momento nos viene una especie de escalofrío.
Luego ves, escuchás, sentís: tu hermana, tu vecina, tu vieja, tu abuela, tu amiga explotando de tanto que gritar. Y es ahí, ese escalofrío se va y se transforma juntas.
Cada vez que transitamos 18 de julio en el marco de una alerta o una manifestación feminista, donde gritamos y denunciamos aquello que sentimos injusto, nuestro cuerpo y nuestra piel sienten siempre lo mismo: fuerza.
Cada vez que caminamos y tomamos la calle con mis compañeras nos sentimos poderosas. Y con unas ganas inmensa de cambiar el mundo. Tanto, que lo vemos posible y no como un sueño.
Por un rato la calle es nuestra y no pedimos permiso para transitarla. Por un rato no estamos a merced de los malentendidos piropos. Por un rato somos todo lo poderosas que podemos ser cuando somos libres.
Quizás es a esa libertad que algunos tienen tanto miedo. O a ese poder que nos invita a no callarnos, a responder, a defendernos.
Por eso te invito a vos, como sea que seas vos, a que nos escuches y nos respetes. A que dejes que tu cuerpo sienta lo que sentimos. Te cuestiones y te acerques.
Y así podamos juntos y juntas cambiar algo.
Mañana 3 de junio #Niunamenos

Foto: Tania Dangiolillo